Un paseo por la niebla

El nombre de la lluvia me recuerda el recuerdo,

un breve momento que intuyo no ocurrió.

Busqué sus labios en eneros sempiternos,

en la prosa de una nube que lloró.

Y cuando fui contando las piedras de tu camino,

descubrí rosales marchitos por el viento,

y aldeas escondidas en pavimento,

donde tus ojos me guiaron con fruición.

Develé un jardín de sombras,

donde frutos de extrañas ramas,

brillaban en los cuerpos desnudos del sol.

Ya los rayos de la mañana no cantan tus deseos,

como lo hacía el azor,

ya la brisa no se complace entre tus piernas,

como lo hace la laguna,

y sus naranjos en flor.

El nombre de la lluvia me recuerda el recuerdo,

aquellas sendas de mar,

donde la espuma de la tarde,

se evapora sin cesar.

Busqué sus manos en precoces cementerios,

en la risa de un salterio,

en la agonía de la niebla,

que cansada y perfecta,

acunaba la ciudad.

Y cuando fui contando las piedras de su camino,

silbó el ocaso, el destierro y su tempestad,

en un dulce abismo.

ROGERVAN RUBATTINO ©

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