La Oscuridad como la luz en la ceguera de los elegidos.

¿Existe contradicción en las recomendaciones sobre el esoterismo en los textos educativos (en otros tiempos)
y lo que se aconseja actualmente respecto al diseño de este material?

 

Antes de desarrollar este tema podemos detallar para una mejor resolución de la cuestión algunas recomendaciones que se aconsejan según Cabero y Gisbert, (2002), sobre el desarrollo y diseño de los materiales educativos en la actualidad para la formación y educación presencial o a distancia y que se deben tener en cuenta ajustándose a los siguientes principios:

Cuanto menos más: Consiste en que solo deben aparecer aquellos recursos que sean necesarios para el desarrollo de la acción educativa. Más información no supone siempre más aprendizaje ni comprensión. Este vendrá de la actividad cognitiva que se realice con la actividad, la estructura didáctica y las demandas cognitivas que haga el material.

 Lo técnico supeditado a lo didáctico. En el caso del material multimedia, el mismo que es un lenguaje muy rico por la gran cantidad de recursos que puede integrar, desde el manejo de textos con todas sus posibilidades de autoedición: tamaños, colores, fondos, resaltados, letras en movimiento, etc. hasta la inclusión de elementos icónicos dotados de movimiento: botones que cambian de color, gif animados, animaciones, vídeos, sonidos, etc. Sin olvidar todas las posibilidades de la navegación y expresión de las interfaces de usuario.

Todas esas posibilidades expresivas deben estar al servicio del objetivo que mediante este recurso queremos lograr. Se pueden emplear para hacer más atractivo un material, pero detrás de ese atractivo no debemos olvidar que ha de haber una intención relacionada con el aprendizaje.

 Legibilidad contra irritabilidad. Todos los textos que aparezcan en el material se deben leer sin dificultad, por tal razón será necesario cuidar aspectos tales como: tamaño de letra, fuente (no todas son igualmente legibles), espacios interlineales, longitud de línea y densidad de página.

Evitar el aburrimiento. Tan malo puede resultar la utilización abusiva del texto plano en el que el alumno se limita a leer, sin encontrar pausas de lectura, títulos intermedios, gráficos, hipertextos, etc. como la continua y excesiva utilización de este último recurso de navegación, donde el usuario debe estar saltando continuamente de página. centrarse en él.

Interactividad. Centrada tanto en la interacción con contenidos y materiales como con los demás recursos que forman parte del entorno de formación: páginas relacionadas, diccionarios de términos, sistemas de comunicación para la relación con otros alumnos, profesores y administradores del sistema. Para fomentar la interactividad podemos recurrir a las siguientes tácticas: Elaboración de materiales educativos para la formación a distancia, ofrecer materiales con diferentes puntos de vista. Presentar materiales incompletos que lleven al alumno a buscar. Utilizar una dificultad progresiva en la presentación de los materiales. La flexibilidad debe permitir también: Que el estudiante organice la acción formativa de acuerdo con sus necesidades. Elegir los canales de comunicación con el resto de los implicados en el proceso. Elección de los recursos formativos con los que quiere interactuar. Esta flexibilidad debe verse alterada por el establecimiento de ciertos requisitos temporales para el desarrollo de las tareas y el acceso a la información.

Otras recomendaciones importantes en este sentido, en la actualidad según Leonel Valdivia, Julia Lerma y Luis Aller Atucha son:

  1. Que la comunidad participe en el diseño y elaboración de materiales de acuerdo a sus habilidades y recursos.
  2. Que sean relevantes, es decir que se refieran a situaciones de la vida diaria y se relacionen con objetos, situaciones, necesidades y problemas de la comunidad.
  3. Que los materiales formen parte de un programa educativo.
  4. Que los materiales estén relacionados con un sistema de prestación de servicios.
  5. Que los materiales sean mutuamente reforzables y complementarios.
  6. Que los materiales sean sometidos a prueba (pre-test) antes de su elaboración final y difusión.

De todo lo anterior se desprende que existe una contradicción abismal en lo que expresa Melzer en el capítulo que nos ocupa y lo que en la actualidad se entiende y se aconseja a la hora de diseñar material educativo. Mientras que para los filósofos que erigían sus obras bajo la técnica del esoterismo pedagógico, la verdad debía ser desgranada y a veces obtenida a base de iluminación e inspiración intelectual, en nuestra época esa ciencia (si se le quiere llamar así) debía basarse en una apología de la brevedad, concisión y explicitud.

Hoy en día los aprendices están subordinados a la tiranía del tiempo y las variables del mundo moderno. Se intenta ganar en inmediatez para poder “aprender más y más fácilmente”, para poder recolectar títulos y créditos, más que ejecutar un ejercicio mental y crítico como demostraban los filósofos y eruditos de tiempos pasados.

Extrayendo de cada texto u obra de influencia la médula de todos sus sentidos.

Hoy en día se huye de lo complejo y lo abstracto, de aquello que no tenga un reflejo práctico, acusándole de improductivo y antipedagógico. Las generaciones actuales se sirven de la brevedad y de lo suficiente como objetivos académicos por defecto.

 

ROGERVAN RUBATTINO ©

 

 

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