Mármol Gris y Diazepam

Las ruinas de Proserpina,
maquilladas de sangre y ceniza,
la piel de Dios es joven,
y yace muerta y febril,
cubriéndote como un manto.
Allí donde se evaporan las umbrías,
hay sepulcros de algas y cierzos,
se arrean los vientos y la fría,
angustia del invierno.
Vas dejando trozos de carne,
y pedazos de labios,
por todas partes,
tu cabello de arena,
en esos malditos retablos,
y explotan tus venas,
y te llamo,
desde el más allá,
y casi a penas,
tus manos sin vida puedo tocar.
Sé que temblaste,
antenoche y dejaste,
tus huesos y tu espina dorsal,
envuelta en llantos y flores,
cual azucena infernal.

 

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