Las Lágrimas del Espejo del Viento

Cuando me enteré que iba a morir me cuidé de vivir despacio, como cuando caen las hojas de los árboles y nadie les ve,

sino hasta que les sepulta el viento, enardecido, transportando cadáveres como un carro sediento e invisible.
Cuando me enteré que iba a morir te escribí todas las cartas que no te había escrito,

te di todos los besos que no te di y me encargué de todo lo superfluo e infinito.
Y pasaban las horas y todo eso no podía detener el tiempo.
Cuando me enteré que ya no estaría, me apresuré a dejarlo todo preparado,

como si con ingenuidad congelara la eternidad entre tus ojos y tus labios.
Pero soplaba el viento enardecido, transportando almas como una barca invisible,

entre bosques de luces y tumbas te busqué sin encontrarte.
Y pasaban las horas y todo eso no detenía el tiempo.
Cuando me enteré que iba a morir entonces empecé a vivir, a amar y a comprender,

que todo es circunstancial y en este yermo espacial gravitamos todos sin cesar.
Cuando me enteré que iba a morir a penas llegaste tú,

y se me olvidó la vida y se me olvidó dulcemente el tiempo,

y se detuvo el reloj y dejó de soplar el tiempo.
Cuando por fin te conocí,

se detuvo mi sangre congelándose y vi mi propia imagen en el espejo, besándome.

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