Demosofía del trueno entre tus piernas

Por todo lo alto la tierra que vio nacer las gardenias,
un ápice locuaz de estrofas y estrellas lánguidas,
mojadas todas por la saliva del sol.

Arriba se ven tus dedos, tus corrientes, tus pechos turgentes,
y el cosmos del edén infinito que te guarece.

Singlaban tus naves las luces y curvaturas, Caribdis y Escilas de mi suerte,
y el año que empaña de daños las dudas, y las brisas del Rin atestadas de uvas, como una dulce prisión sin presente.

Amargores de lunas entre dunas evanescentes, efervescencias y cronopios, elevándose entre el opio del azul inmanente.

Aquello que resplandece en tu cuerpo mientras tú duermes, son las ánimas lontanas, anacoretas que sonríen cuando agoniza occidente.

Arriba se ven tus muslos, tus ciclones rompiendo las alas del poniente, y a veces sólo quieres jugar, con mi yugular de piedras calientes.

Conspicuo el aire, que se eleva en tu cuello, es como un topo cavando enardecido y fúrico, entre tus nubes, y hasta tus urbes inhóspitas aterriza, inflamado entre llamas, dormitivo, clavando sus garras.

Y así por todo lo alto el mármol que alimentaba las malvas y las almas, prosigue bajo el cielo, viendo tu velo, contemplándote, sin apego.

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