Miserere

Tú eres la senda de nubes y el cierzo
el ala rota en mi escudo de hiedra
la capa de azul mar sobre la piedra,
los lares del epitafio del tiempo.

Eres etérea brisa, madrigal
ebúrneo, zéjel de inocente tierra,
que con tu nívea impronta enajenas,
las caras ocultas de la verdad.

Tú en mi camino astrolabio célere,
aquilón, céfiro tierno atolón;
tú en mi camino lucero celeste.

Y casi a tientas eres pulso breve
furia y besos, espada y azadón.
Que la brisa por siempre a ti me lleve.

Tú eres la vera y el sendero verde,
la laguna que gime cuando llueve,
y del rosal polen que languidece,
cuando tus pupilas al sol se mecen.

Tú en mi camino,
destino o fauna de otoño,
Luz, ritmo azul,
connubio en aras de oro.

Tú en mi camino,
naos de leve Cantabria,
y yo tu noria,
cruz de ínsula Barataria.

Caminé sobre dunas, de terrales
de marismas, vetustas lunas lentas,
adustas e hirsutas, lunas adultas,
lunas exornando tus arcas, vetas
de un rocío de anís amanecer.

Caminé sobre lagos, y promesas,
al borde de abismos sin más reservas,
para verte sonreír y emerger.

Porque tus labios son alivio y vid,
néctar de azur Apolo y citarodia,
porque eres zahareña flor y ardid,
que acuna tierna mi rota memoria.

Tú en mi camino,
patria que llueve a trigo y alhelí,
tú el cayado de Vertumno,
la dalia y el guayacán carmesí.

Llévame en tu rueca y hazme tu alumno,
que tus tejidos me lleven al confín,
de aquellos sueños raudos que encolumno.

Eres trocha verde, almíbar fugaz
y tu nido es mi destino,
y tu sino es mi solaz.

Tú en mi camino,
eterna al tacto
vas infinita,
tú en mi camino,
aclaras niebla,
que me gravita.

Avenida de estelas afaníticas
vida, cellisca de idilio,
o arrullo de jalde voz megalítica.
Tú en mi camino,
como pausa de auxilio,
como azul huella,
en mi rostro mirrino.

Eres etérea brisa, madrigal;
y las solas llanuras te conmueven,
te canta la fuente, el tamarigal
te llora, con coplas de sabugal.

Eres la diatomea, gentil ruta,
eres la rueda de Orestes y musa,
que me guía en la alborada,
entre huesos de cien hadas.

¡Abrázame Dios a tu luz, virtuosa mirada!
Cólmame así de tus sentidos,
como quien llena el roto cántaro,
en el arroyo del destino.

Tú en mi camino,
señera voz de aurora,
Tú en mi camino,
arando el mar,
con el ritmo de tu eslora.

Ya no soy el mismo,
ya no soy yo mismo,
soy el caminante,
soy el fiel camino,
que llena la tarde,
con llantos y trinos.

¡Abrázame Dios a bien tu sombra esmerilada!
Inúndame de tus latidos,
como quien desborda la red,
con estos siete mares por testigo.

Ya no soy el bardo o el poeta,
ya no soy el arco o la cruel saeta,
precipitándose vil sin abrigo.

Tú en mi camino,
sangre que me recorres fiel célere,
tú en mi camino,
como mi llama blanca, congénere…

¡Miserere!
De mi vida
¡Miserere!
De mi lira
¡Miserere!

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