CENOTAFIO DE UNA FÉMINA EMBAUCADA

 

Quiebro un reloj sobre la sangre de un miércoles negro,
la brisa que me comprende no te entiende a ti ni a tus sueños.

Por eso desde que despierto busco entre tus restos una red, para atrapar mis vaivenes inciertos.

Quiero convertir tu saliva en agua bendita, en el rigor de los justos batiéndose en incendiario vuelo
Después de todo el vigor de tu adusto asombro sobre mis desdeños es la sinfonía de lo efímero y de lo ignoto.

Por eso desde que anochece hasta la media noche el viento alóctono crispa tus labios como erizos, los enternece lento, sobre mi espalda.

El hielo ardiente y vestido de sol, la vereda en éxtasis, tu clámide teñida del basalto gimiendo lentamente.

Exorable amor (si puede llamarse amor), vegetaciones espirituales que te mimetizan tras los rayos selenitas de la lluvia.

Inmarcesible latido de Oriana sobre tu estirpe, quiero recordarte así: finita cual refectorio de hadas.
Quiebro un reloj sobre tu sangre, sobre tu piel embalsamada.

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