Trastorno Limite de la Personalidad

Hace un tiempo atrás discutiamos en un café con algunos amigos profesionales en el tema sobre algunas enfermedades de difícil detección, hablamos en aquella ocasión del Trastorno Limite de la Personalidad.

Lo siguiente es una valiosa aproximación ofrecida por A. Rodríguez sobre el tema

El trastorno límite de la personalidad es una de las enfermedades mentales más frecuentes. Conlleva un importante sufrimiento, no sólo para la persona que lo padece sino también para sus familiares y amigos. Es necesario diagnosticarlo e iniciar un tratamiento para prevenir posibles conductas autolesivas que pueden acabar en un intento de suicidio. Las personas que lo sufren tienen serias dificultades para adaptarse a un trabajo o ser constantes en los estudios, a menudo tienen problemas con las drogas o el sexo compulsivo y sufren ataques de ira, entre otros.

Por todo ello, con frecuencia, se les “tacha” de gamberros o adictos. Este trastorno se reconoció de manera oficial como diagnóstico en 1980 y es difícil de detectar para los especialistas porque se puede confundir con hiperactividad, problema de abuso de sustancias o trastorno de ansiedad.

El problema radica en la personalidad, que es la forma de actuar, la manera de relacionarse con el entorno e interpretarlo. De este modo, si no está bien construida, todas las áreas de la vida se ven afectadas y se tambalean. El trastorno límite de la personalidad se puede diagnosticar en la adolescencia, aunque lo más frecuente es detectarlo al inicio de la edad adulta, a partir de los 18 años, cuando la personalidad debería ser más estable. Es más habitual en mujeres (un 70% de los casos) que en hombres.

Sus causas no están definidas por completo. Por un lado, se cree que puede haber una vulnerabilidad biológica o un problema funcional entre las áreas cerebrales que regulan las emociones y las zonas más racionales. Pedro Yscadar, psiquiatra y analista del Hospital Sagrat Cor de Martorell (Barcelona), señala que “además suele haber una historia personal de experiencias traumáticas, padres negligentes o abusos sexuales”.

Las personas que sufren este trastorno son muy impulsivas, con gran inestabilidad emocional y que establecen relaciones de muchísima dependencia. Un dato alarmante es que uno de cada diez pacientes con trastorno límite de la personalidad se suicida. “Un intento de suicidio es uno de los principales motivos por los que acuden a urgencias -explica Yscadar-. A un afectado le deja la pareja y, en un impulso, por ser incapaz de controlar la frustación, se autolesiona. La autodestrucción es un peligro real”.

La dependencia es otra de las señales características de este trastorno. Por eso sufren tanto si se rompe una relación o imaginan que alguien les puede abandonar. “Esa necesidad de los demás, sumada a su impulsividad e inestabilidad, provoca que sus relaciones sean muy conflictivas. Para ellos, todo está afuera. Se quejan de que los demás no les entienden, no les ayudan o no les dan lo que necesitan para estar bien”, añade Yscadar. Esta dependencia de los demás lleva a numerosas personas a una búsqueda desesperada de sexo, pero no como un modo de sentir placer, sino para obtener una fusión emocional con el otro.

También Uno de los síntomas característicos del trastorno límite de la personalidad es el sentimiento crónico de vacío. Los afectados manifiestan que se sienten perdidos y que no saben quiénes son. Para sus allegados puede ser difícil de entender, sobre todo, en el caso de las personas adultas. Como señala Beatriz López, ese sentimiento de vacío tan angustiante está relacionado con “sus problemas de identidad. El sentimiento de sí mismos es muy inestable. No saben tomar decisiones. Cuando están a punto de conseguir algo, echan a correr”.

No es un problema de baja autoestima o inseguridad, aclara la especialista, sino que no han construido una identidad porque les resulta muy difícil tomar decisiones, saber qué sienten y anticipar cómo se sentirán o construir un proyecto de vida con una pareja. Este síntoma explica, en parte, su gran dependencia de los demás. Les necesitan para sentirse en tierra firme, porque en soledad ese sentimiento de vacío les puede ahogar.

A menudo, intentan llenar ese vacío con sexo, drogas o comida, entre otros. Evitan la soledad y se aburren con facilidad porque nada les llena. Este es el síntoma que menos se beneficia de la medicación, porque no hay pastilla que proporcione la identidad.

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