Rima 52


Nace el tiempo,
puedo verlo junto a ti,
tan vestido de vientos,
como te sueño a ti.
He perdido albas,
mas siempre ganado mar,
y aunque noches magras,
desciendan en mi portal,
solo he de pensarte,
para encontrar solaz.
Cantara este silencio joven,
entre la nostalgia de tu verso,
y que por voz aloque,
mi caudal intenso.
Juegan horas entre el rostro,
me lleno de tu ausencia,
y me parece oro,
lo ficticio de tu presencia.
Siempre habrá solsticio,
a la clave de este estío,
y aunque por ti pierde indicio,
pierde calidez entre bajíos.
Quenas, cuerdas, voces,
persistes como entre monedas,
y siento tu valle entre los roces,
de la gélida arboleda.
A por ti entre otoños y candiles,
que no marca un fragor,
la marcha tenue de los ediles,
esos caballeros de olvido y valor.
He perdido noches, tardes,
me duele ocultar este nombre,
y aunque me rendí antes,
pido a ti otro espiritual cofre.
Divagan sueños y melancolías,
advierto dulces besos,
mas ajeno a todas alegrías,
me muero entre recuerdos.
Cantara madrigal al firmamento,
que no hay esmeralda,
o marcado lamento,
que eclipse tu alma,
cuando yo esté dentro.
Pasa el día y la luz,
merece el intervalo tu voz,
y por senda del sur,
corre el amante veloz.
Vuelme tu faz amor,
que tu son me consume,
entre arpegios de don y sudor.
Siempre habrá este lazo,
siempre entre tus brazos.

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